Adri Vergeer……………...……..Piano y órgano, Celeste, mellotrón, sintetizadores, voz
Gerard Steenbergen….……….Guitarra acústica
Joop Slootjes………….….……..Bajo
Hans de Bruin..……………..….Saxo y flauta
Sjaco van der Spel.………....Batería y voz
Colaboradores:
Guus Willemse………………………………....Bajo
Hans Hollestelle…………………….………...Guitarra eléctrica
Marian Schatteleyn y Robbie Dale…...Voces
1ª Cara:
- The water
- The blackberry bushes
2ª Cara:
- White turns into black
- The nuisances
- The desert
- The red sea
Vamos con una de rock cristiano!………..Nooooooo……...no se trata de eso!…… pero si es cierto que es una obra conceptual basada en el episodio bíblico de la salida del pueblo de Israel de Egipto, conducido por el enviado de Dios, Moisés, que los libera de las garras del Faraón, tras una dura tarea a base de plagas, llevándolos por el desierto hacia la tierra prometida. Este es el único disco que dejó esta banda como evidencia de su corta existencia. Surgidos en Países Bajos en los 60, en la ciudad de Gouda (buen queso), se empapan en un primer momento de todos los grupos más sobresalientes que les circundan, allí en su país. EKSEPTION y FOCUS llaman poderosamente su atención pero no son lo únicos, podemos añadir formaciones menos conocidas para los no-adeptos………...BRAINBOX, y ya fuera de sus fronteras CRESSIDA, PROCOL HARUM, etc.
Es difícil encontrar algo de información sobre este fugaz proyecto, tal vez lo más extenso que he podido verificar está en la trasera del la carpeta que alberga el vinilo. Parece ser que en primera instancia se llamaban “Light Formation” y finalmente el nombre se redujo a la primera, coincidiendo con la incorporación al grueso de Hans de Bruin que se ocupará de los instrumentos de viento, y poco más se puede añadir. Ninguna averiguación del porqué de su desaparición.
La historia dividida en 6 piezas, mantiene en la primera cara las más extensas que se reducen a dos. Es una obra que bien podemos llamar sinfónica, puesto que se asemeja a una versión moderna de lo que podría ser un concierto para órgano, puesto que a golpe de este instrumento se construye la mayoría del disco. Predominante de principio a fin junto a actuaciones menores de otros teclados de diversa índole que combina, se puede decir que se lleva todo el protagonismo, dejando al resto de instrumentistas en segundo plano.
Se tiene mucho tiempo para analizar la música escrita en su mayor parte por Adri Vergeer como es obvio, un trabajo con muchas luces y alguna sombra. Las texturas creadas no dejan que caigamos en fases de sopor, ya que son melodías bien pertrechadas y con muchos cambios, que permiten que nuestro oído tenga que estar bastante atento a las variaciones que suscita. Pero no es fácil mantener la calidad y algunos instantes pueden hacernos bajar la guardia, más que nada porque hay que estar conectado con todos los sentidos ya que es un viaje más bien falto de energía, en el sentido de que no son temas con ritmos vivos e intensificados, una carencia que se echa de menos en más de una ocasión. Es un todo al que le hubiera venido muy bien un hit con el que el público se encendiera para quedar atrapado, un éxito que nos enganchase y que nos hiciera sentirnos más vivos…….pero no es así, estamos frente a un magno lienzo situado en un frío museo vacío, carente de vitalidad.
Composiciones muy interesantes en las que se observan tendencias e influencias de todos los colores, desde el blues, la psicodelia hasta el jazz, pasando por la vanguardia que surge en el continente a finales de los 70 así como por la música clásica y en concreto la de Johann Sebastián Bach. Incluso podríamos asociarlos con la familia Canterbury con un sonido muy aproximado en momentos a los exponentes SOFT MACHINE o CARAVAN. Se puede decir que estos chicos tuvieron bien abiertos los ojos y los oídos a todo lo que les rodeaba y lo gestionaron a su manera para construir este testimonio único y original.
La pieza con la que inicia este periplo, The water, nos pone en situación con sonido acuoso y un órgano que comienza a venir desde la lejanía. Una obertura magna y épica que resulta uno de los pasajes más inspirados albergando buenas esperanzas, con una característica intrínseca a todo el volumen que es la solemnidad que desprende el órgano en su estructura. Un sonido muy cercano a Procol Harum en creaciones en las que Mathew Fisher dejaba volar su arte. La guitarra española arpegiada que se observa cuando lo permite el teclado es deliciosa. Se subdivide y entra en una nueva fase tras una invocadora voz que repite un texto como un mantra, nos topamos con las primeras líneas cantadas en un disco mayoritariamente instrumental y después con la incorporación más patente que va a tener la guitarra eléctrica a lo largo de epopeya, conduciendo junto a las voces de la mano hasta el final.
La otra gran composición es the blackberry bushes, con arranque marcial y percusiones latinas que animan estos primeros compases, pero no pasará de ahí, la solemnidad y la sobriedad regresan a un ritmo más vivo saltando de pincelada en pincelada e internándose poco a poco en escenarios de jazz donde se acomoda durante un rato para acabar en unos desarrollos progresivos y psicodélicos calmados y de aires pastorales por la aparición de la travesera y las voces melodiosas que recuerdan a composiciones como I talk to the wind de los Crimson.
Volcamos el vinilo y aparece White turns into black con unas notas de órgano muy reconocibles, juguetean con el eterno e incontestable compás de “In a Gadda da Vida” de los IRON BUTTERFLY con pequeños matices para no levantar ampollas. Un comienzo que tiene continuidad con un ritmo entrecortado y fulgurante del órgano dando paso a la suite que vuelve a sumergirse en terrenos de jazz en los que el bajo tiene un papel estelar junto al teclado y una percusión shuffle. Tras el libre interludio vuelve a tocar suelo progresivo con aguas remansadas y pastorales que bien podrían servir de material inspirador a formaciones posteriores como CAMEL.
Sin silencios, unas sencillas filigranas del órgano nos presentan The nuisances, el siguiente corte, con alto contenido clásico en su atmósfera con bellas aportaciones del Celeste que intensifican aún más el contenido retro en un conglomerado de teclados excepcional. El órgano va a mostrar unas de las líneas más inspiradas, bajo un tapiz de partitura construida sobre escalas ascendentes y descendentes que flirtean con los clásicos.
Una voz fuerte y vehemente de pronunciación consistente abre The desert, una pieza de sonidos enigmáticos donde decae el volumen y resulta más minimalista que ninguna de las otras en su concepción, desembocando en la última parada The red shea, más corta todavía que se confecciona según patrones y escalas de la música tradicional del mundo árabe donde nos quieren dejar muy claro con voz vehemente nuevamente que Moisés ha llegado a tierras del mar Muerto.
Y este es el final, pero sorprenderá al oyente porque tras una creación de este calibre esperamos un final acorde a la grandilocuencia y la magnificencia del evento. Estamos esperando un desarrollo dentro de la épica, un remolino musical que nos eleve y nos transmita esa sensación de importancia y trascendencia del concepto que se ha traducido a lo largo de todo el acontecimiento. Pues no, al contrario es algo que parece inacabado, abrupto y frío, tal vez no sabían como finalizar, no hubo tiempo…….o bueno, creyeron que era la mejor manera.