"Las prisas no son buenas consejeras, pero, en este caso, la casualidad hizo que la presión determinase la elección de la portada del álbum. En un principio el disco no iba a llevar el título Équinoxe, sino que se iba a titular Venus, y la portada iba a ser un dibujo de dos planetas unidos por una cuerda de tender la ropa. Pero Jarre rechaza rápidamente la idea y su amigo Michel Granger le enseña una serie de pinturas.
La elección de Jarre recae en la más que conocida portada del disco, en la que una serie de personas que sujetan unos prismáticos -personajes a los que Jarre, cuarenta años después, se referiría como The Watchers, o los vigilantes, en español- observan algo que sucede encima de un escenario. La presión que Jarre sentía con este disco se reflejaba de sobra en la portada del álbum, lo que él definía como sentirse observado. La pintura de Granger llevaba por título Le trac (el miedo), pero Jarre decide como título Équinoxe (Equinocio), ese momento del año donde la noche y el día tienen la misma duración y el sol se sitúa en el punto más alto con respecto al observador."
"No puede decirse que Humble Pie lo pasara bien en su primer año de unión . En un comienzo les costó hallar su identidad musical como núcleo y se dedicaban a componer cada uno por separado, con lo cual el cuarteto venía a ser una autopista de cuatro carriles no siempre concurrentes en la misma dirección. Steve Marriott aportaba su naturaleza salvaje heredada de sus comienzos en el soul y en el Rhythm & blues. Era una fiera, con una de las mejores voces que han habido para cantar blues y rock. Peter Frampton surgía de un núcleo muy comercial y por si fuera poco no había escrito apenas canciones. Hizo sus primeros escarceos en los primeros discos de Pie y entonces surgió su lado más bien lírico, tranquilo, apacible, lo cual, si bien en un principio formaba el contrapunto de Marriott, acabó por separarle más y mas de él y de la banda."
Adri
Vergeer……………...……..Piano y órgano, Celeste, mellotrón,
sintetizadores, voz
Gerard
Steenbergen….……….Guitarra acústica
Joop
Slootjes………….….……..Bajo
Hans
de Bruin..……………..….Saxo y flauta
Sjaco
van der Spel.………....Batería y voz
Colaboradores:
Guus
Willemse………………………………....Bajo
Hans
Hollestelle…………………….………...Guitarra eléctrica
Marian
Schatteleyn y Robbie Dale…...Voces
1ª
Cara:
-
The water
-
The blackberry bushes
2ª
Cara:
-
White turns into black
-
The nuisances
-
The desert
-
The red sea
Vamos
con una de rock cristiano!………..Nooooooo……...no se trata de
eso!…… pero si es cierto que es una obra conceptual basada en el
episodio bíblico de la salida del pueblo de Israel de Egipto,
conducido por el enviado de Dios, Moisés, que los libera de las
garras del Faraón, tras una dura tarea a base de plagas, llevándolos
por el desierto hacia la tierra prometida. Este es el único disco
que dejó esta banda como evidencia de su corta existencia. Surgidos
en Países Bajos en los 60, en la ciudad de Gouda (buen queso), se
empapan en un primer momento de todos los grupos más sobresalientes
que les circundan, allí en su país.EKSEPTION y
FOCUS llaman poderosamente su atención pero no son lo
únicos, podemos añadir formaciones menos conocidas para los
no-adeptos………...BRAINBOX, y ya fuera de sus
fronteras CRESSIDA, PROCOL HARUM, etc.
Es
difícil encontrar algo de información sobre este fugaz proyecto,
tal vez lo más extenso que he podido verificar está en la trasera
del la carpeta que alberga el vinilo. Parece ser que en primera
instancia se llamaban “Light Formation” y finalmente el nombre se
redujo a la primera, coincidiendo con la incorporación al grueso de
Hans de Bruin que se ocupará de los instrumentos de
viento, y poco más se puede añadir. Ninguna averiguación del
porqué de su desaparición.
La
historia dividida en 6 piezas, mantiene en la primera cara las más
extensas que se reducen a dos. Es una obra que bien podemos llamar
sinfónica, puesto que se asemeja a una versión moderna de lo que
podría ser un concierto para órgano, puesto que a golpe de este
instrumento se construye la mayoría del disco. Predominante de
principio a fin junto a actuaciones menores de otros teclados de
diversa índole que combina, se puede decir que se lleva todo el
protagonismo, dejando al resto de instrumentistas en segundo plano.
Se
tiene mucho tiempo para analizar la música escrita en su mayor parte
por Adri Vergeer como es obvio, un trabajo con muchas luces y
alguna sombra. Las texturas creadas no dejan que caigamos en fases de
sopor, ya que son melodías bien pertrechadas y con muchos cambios,
que permiten que nuestro oído tenga que estar bastante atento a las
variaciones que suscita. Pero no es fácil mantener la calidad y
algunos instantes pueden hacernos bajar la guardia, más que nada
porque hay que estar conectado con todos los sentidos ya que es un
viaje más bien falto de energía, en el sentido de que no son temas
con ritmos vivos e intensificados, una carencia que se echa de menos
en más de una ocasión. Es un todo al que le hubiera venido muy bien
un hit con el que el público se encendiera para quedar atrapado, un
éxito que nos enganchase y que nos hiciera sentirnos más
vivos…….pero no es así, estamos frente a un magno lienzo situado
en un frío museo vacío, carente de vitalidad.
Composiciones
muy interesantes en las que se observan tendencias e influencias de
todos los colores, desde el blues, la psicodelia hasta el jazz,
pasando por la vanguardia que surge en el continente a finales de los
70 así como por la música clásica y en concreto la de Johann
Sebastián Bach. Incluso podríamos asociarlos con la familia
Canterbury con un sonido muy aproximado en momentos a los exponentes
SOFT MACHINE o CARAVAN. Se puede decir
que estos chicos tuvieron bien abiertos los ojos y los oídos a todo
lo que les rodeaba y lo gestionaron a su manera para construir este
testimonio único y original.
La
pieza con la que inicia este periplo, The water, nos
pone en situación con sonido acuoso y un órgano que comienza a
venir desde la lejanía. Una obertura magna y épica que resulta uno
de los pasajes más inspirados albergando buenas esperanzas, con una
característica intrínseca a todo el volumen que es la solemnidad
que desprende el órgano en su estructura. Un sonido muy cercano a
Procol Harum en creaciones en las que Mathew Fisher dejaba volar su
arte. La guitarra española arpegiada que se observa cuando lo
permite el teclado es deliciosa. Se subdivide y entra en una nueva
fase tras una invocadora voz que repite un texto como un mantra, nos
topamos con las primeras líneas cantadas en un disco
mayoritariamente instrumental y después con la incorporación más
patente que va a tener la guitarra eléctrica a lo largo de epopeya,
conduciendo junto a las voces de la mano hasta el final.
La
otra gran composición es the blackberry bushes, con
arranque marcial y percusiones latinas que animan estos primeros
compases, pero no pasará de ahí, la solemnidad y la sobriedad
regresan a un ritmo más vivo saltando de pincelada en pincelada e
internándose poco a poco en escenarios de jazz donde se acomoda
durante un rato para acabar en unos desarrollos progresivos y
psicodélicos calmados y de aires pastorales por la aparición de la
travesera y las voces melodiosas que recuerdan a composiciones como I
talk to the wind de los Crimson.
Volcamos
el vinilo y aparece White turns into black con unas
notas de órgano muy reconocibles, juguetean con el eterno e
incontestable compás de “In a Gadda da Vida” de los IRON
BUTTERFLY con pequeños matices para no levantar ampollas. Un
comienzo que tiene continuidad con un ritmo entrecortado y fulgurante
del órgano dando paso a la suite que vuelve a sumergirse en terrenos
de jazz en los que el bajo tiene un papel estelar junto al teclado y
una percusión shuffle. Tras el libre interludio vuelve a tocar suelo
progresivo con aguas remansadas y pastorales que bien podrían servir
de material inspirador a formaciones posteriores como CAMEL.
Sin
silencios, unas sencillas filigranas del órgano nos presentan The
nuisances, el siguiente corte, con alto contenido clásico en
su atmósfera con bellas aportaciones del Celeste que intensifican
aún más el contenido retro en un conglomerado de teclados
excepcional. El órgano va a mostrar unas de las líneas más
inspiradas, bajo un tapiz de partitura construida sobre escalas
ascendentes y descendentes que flirtean con los clásicos.
Una
voz fuerte y vehemente de pronunciación consistente abre The
desert, una pieza de sonidos enigmáticos donde decae el
volumen y resulta más minimalista que ninguna de las otras en su
concepción, desembocando en la última parada The red shea,
más corta todavía que se confecciona según patrones y escalas de
la música tradicional del mundo árabe donde nos quieren dejar muy
claro con voz vehemente nuevamente que Moisés ha llegado a tierras
del mar Muerto.
Y
este es el final, pero sorprenderá al oyente porque tras una
creación de este calibre esperamos un final acorde a la
grandilocuencia y la magnificencia del evento. Estamos esperando un
desarrollo dentro de la épica, un remolino musical que nos eleve y
nos transmita esa sensación de importancia y trascendencia del
concepto que se ha traducido a lo largo de todo el acontecimiento.
Pues no, al contrario es algo que parece inacabado, abrupto y frío,
tal vez no sabían como finalizar, no hubo tiempo…….o bueno,
creyeron que era la mejor manera.
"Los empresarios de este grupo, ante todo Robert Stigwood, ejercieron la más hábil maniobra de triunfo de la nueva músico pop. Sin que ningún periodista hubiera oído ni un solo sonido del nuevo conjunto. Las revistas especializadas y los periódicos se desbordaban en alabanzas hacia el nuevo conjunto.
Gracias a los encargos anticipados, el álbum del conjunto ya alcanzó una venta superior al millón de dólares el mismo día de ponerse a la venta. E incluso antes de que el conjunto hubiera realizado su primera actuación pública, estaba completamente vendida, por valor de un millón de dólares, la supergira por los Estados Unidos, de cuatro semanas de duración".