Mike Oldfield…………...…Voz, guitarras acústica y eléctrica, piano, sintetizadores, secuenciadores, vibráfono, marimba
Colaboradores: (entre otros)
Neil Jason………..….…….Bajo
Wendy Roberts…………..Voz
Pierre Moerlen….……...Batería, vibráfono
Sally Cooper…….……...Campanas tubulares
David Bedford……...….Arreglos vocales
1ª Cara:
- Platinum part 1 - Airborne
- Platinum part 2 - Platinum
- Platinum part 3 - Charleston
- Platinum part 4 – North Star / Platinum finale
2ª Cara:
- Woodhenge
- Into Wonderland
- Punkadiddle
- I got rhythm
Se puede decir de este trabajo, ya su quinto desde que nos deslumbró con Tubullar Bells, que es un disco bisagra, un salto evolutivo para bien o para mal, una transformación en la forma de concebir la música, una nueva manera de comunicarse con el público, un crecimiento personal del autor…….quién sabe si de todo un poco. El niño superdotado con algún que otro gen autista había madurado y ya no era un joven salido de la adolescencia, tenía 26 años y tras su reclusión en Gloucestershire durante dos años, a consecuencia de los problemas de orden psicológico que arrastraba, por fin consiguió encontrar solución a través de cierta metodología. Con ella fue capaz de afrontar la vida de manera equilibrada sin ese sentimiento de menosprecio hacia sí mismo que siempre le había perseguido.
Un personaje que había demostrado en sus primeros discos un espíritu de tendencia ermitaña, amante de la soledad y de llevar a cabo todo él mismo intentando evitar al máximo la ayuda de nadie. De ahí surgen esas obras tan personales, de fuerte carácter introspectivo, construidas desde esa inteligencia y aptitud para manejar la mayoría de los instrumentos, plenas de pasajes hipnóticos, etéreos, ambientales, dotados de una sensibilidad especial, intentando plasmar sobre el pentagrama todo su mundo interior, el cual es inmenso. Después llegaría su crisis, su desaparición del mundo público, su reclusión y su último álbum (doble) realizado según los parámetros anteriores, Incantations.
La revolución llevada a cabo principalmente por el movimiento punk apareció en un momento difícil para Mike, cogiéndole por sorpresa con sus neuronas en pleno desorden. El mundo músical sufrió una ruptura que sorprendió a propios y extraños y todos los pilares bien asentados hasta entonces se vinieron abajo. La juventud vivía una época tumultuosa socialmente hablando y aquella nueva respuesta musical en la que se trataban los problemas sociales y la realidad de las clases más desfavorecidas fue como un resorte para los jóvenes que se sentían totalmente identificados, las composiciones se reducirían a la mínima expresión y el virtuosismo de los músicos caería en picado. El estilo musical de las grandes bandas que hacían alarde de sus desarrollos instrumentales y de álbumes conceptuales lo iban a tener muy difícil. Fue nefasto para todos aquellos que acabarían calificados como dinosaurios.
Mike Oldfield amante de las armonías, las melodías elaboradas y la complejidad en la elaboración músical con amplio espectro para volcar toda su fantasía interior recibió esta reconversión escéptico y con absoluto rechazo. Aquello no iba con él, no entendía otra forma de trabajar que la suya. Después de un tiempo para recapacitar, el niño prodigio se encontró ante la disyuntiva, “renovarse o morir” y eligió inteligentemente la primera ya que si algo nos ha demostrado durante toda su carrera es que no se rinde y que es una persona camaleónica que se adapta a todas las situaciones.
Así pues, tenía que conseguir atraer al público, no defraudar a sus fans, pero a la vez situarse en ese nuevo mercado surgido sin renunciar a su idiosincrasia, por tanto la fórmula utilizada hasta entonces estaba obsoleta. Esto va a suponer cambios drásticos, composiciones cortas y con ritmos, desarrollos e instrumentos acordes a las corrientes que van naciendo tras el punk. De esa necesidad de adecuación emerge Platinum en 1979, donde no aparecerán canciones que ocupen toda una cara. Platinum, por ejemplo que es el tema principal se divide en varias partes claramente diferenciadas e igualmente la cara B está ocupada por diversas canciones. Oldfield muestra un carácter aperturista tras su final de terapia y eso se reflejará en sus composiciones, además otro elemento que denota su nueva actitud frente al mundo es el tutearse con otros músicos de su escena de los que obtiene permiso para incluir una versión en el nuevo disco. North Star que pone fin a la primera cara es obra de Philip Glass. I got rhythm es otra pieza que arrebata del compositor George Gershwin.
Tras su resurgimiento personal fue capaz de llevar a cabo una enorme gira con un elevado número de músicos a su cargo y grabar Exposed que aglutina lo mejor de sus 4 primeros discos, álbum en vivo que precede a Platinum, sin embargo paradójicamente resultó un desastre económico con grandes pérdidas que sufragaría con el lanzamiento del disco en vivo y de Platinum.
Platinum que fue grabado en New York rompe con el patrón del autor. Tiene un afán lúdico y experimental. La música elaborada gana en concreción, los temas se sintetizan con un sonido muy aséptico, limpio, cristalino y con una producción impecable como no podía ser de otra manera. La concepción musical sufre un giro importante. El férreo acercamiento a las nuevas tendencias es innegable, olvidando la identidad de sus anteriores, las nuevas composiciones ganan en viveza y actualidad con un sonido más moderno y elaborado según los nuevos ritmos con unas texturas en muchas ocasiones con sinergia en el tecno-pop y el post-punk y utilizando técnicas que luego serán muy recurrentes como las pregrabaciones de sonidos y ritmos. Se trata de una obra absolutamente dinámica, con constantes variaciones en las melodías, que aunque sencillas muchas veces son bien abrigadas por envolventes instrumentales que aportan constantemente riqueza. El ritmo es alto y en ocasiones nos produce la sensación de no tener tiempo para tomar aire, puesto que son incesantes las modificaciones e incorporaciones, no hay espacio para el silencio…...quién lo iba a decir.
Platinum 1: Airborne es el comienzo a través de un sintetizador que parece secuenciado, luego se van uniendo otros instrumentos como suele ocurrir. Se le asocia un bajo que asciende y desciende entre escalas y da paso a la característica guitarra eléctrica de Mike que con un sonido ambiental domina la composición y a partir de ahí la guiará hasta el final, sistema que es marca de la casa. Los diferentes ambientes plenos de detalles y elementos se van sucediendo sin tiempo a caer en el tedio.
Platinum 2: Platinum es el tema central recurrente que pone en marcha la guitarra eléctrica de Oldfield con un desarrollo que repite en varias ocasiones convirtiéndose en un monólogo. Conducido nuevamente por él es una parte muy directa con un ritmo vivo. Me recuerda en su confección a los instrumentales que siempre incluye en sus discos Alan Parsons Project donde va repitiendo la melodía central e insertando arreglos al fondo que van sufriendo modificaciones al realizar las vueltas de la melodía principal. Se incluye aportación de voces que actúan más bien como un instrumento más.
Platinum 3: Charleston, es una pieza corta que usa sintetizadores con sonido de metales, una batería que también en esta ocasión parece pregrabada y un piano juguetón. El ambiente es muy “Tecno”, se suceden capas de instrumentos con protagonismo para el bajo y la guitarra acústica y unos coros un tanto tenebrosos, en una pieza que en su inicio realmente podría dar lugar a una pieza de charleston si no se desviase.
Platinum 4: North Star, posiblemente el mejor fragmento y más inspirado partiendo de la composición de Philip Glass que nace con una guitarra repitiendo una frase y sobre la que luego se instala la eléctrica en una melodía que va ganando en sonoridad y fuerza nuevamente conductora. El ritmo va ganando en complejidad y con tintes modernos dejando paso al coro y apagando la guitarra por un momento. La actuación de la guitarra se hace cada vez más aguda y tensa. El final lo ponen las voces corales.
Woodhenge, el fragmento más experimental de todo el disco, instrumental hipnótico de apenas cuatro minutos donde se dejan escuchar las imprescindibles campanas tubulares que acompañan la existencia de Oldfield. Está construido sobre sonidos pregrabados en una creación que recuerda a músicos electrónicos coetáneos. Los sintetizadores aportan frases con tintes improvisatorios mientras la guitarra también inserta fragmentos libres sobre un fondo de sonidos inacabables como si de una habitación de relojero se tratase.
Into Wonderland, pieza cantada por Wendy con una suave y sugerente voz. Texturas pop y Tecno. Es completada con una melodía de sintetizador marcada y sencilla como desarrollo central. Pieza animada y poco seria. Final abierto.
Punkadiddle, es el tema elegido por el autor para intentar burlarse del punk, aunque no tengo muy claro como llega a hacerlo. Conducida por una melodía ondulante de carácter naif que se repite una y otra vez como protagonista y que aparece flanqueada por incursiones de aplausos grabados a propósito. La guitarra eléctrica aparece para conexión entre vuelta y vuelta. Camino del final a la par del sinte la guitarra arrecia endureciéndose y convirtiéndose en el momento hard del disco.
I got rhythm, Segunda y última vez que contamos con la voz de Wendy en modo melódico-extended. Bella canción adaptada del maestro Gershwin es elaborada con mimo utilizando un piano eléctrico afincado en la candidez y unos etéreos tejidos de guitarra acústica. Cuando el ritmo se pone en marcha aparece finalmente la firma de Oldfield con la eléctrica en una cadencia ascendente, las campanas tubulares vuelven a sonar de mano de Sally y así como empezó acabará hasta que la tecla fija deja de respirar.
No es ni mucho menos la mejor obra del artista, pero es la demostración de su capacidad de adaptación en un momento clave, consiguiendo una colección de canciones que acercándose al torrente comercial que era demandado, tenga la suficiente calidad para no caer en lo fácil, no solo eso, si no que además mantenga un pulso permitiendo que su personalidad quede prendada en cada uno de los cortes. No había sucumbido, había encontrado otra fórmula, otro idioma, otro medio de comunicación del que sacará provecho en la siguiente década.