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domingo, 15 de febrero de 2026

LIGHT – The story of Moses (1972)

 


Adri Vergeer……………...……..Piano y órgano, Celeste, mellotrón, sintetizadores, voz

Gerard Steenbergen….……….Guitarra acústica

Joop Slootjes………….….……..Bajo

Hans de Bruin..……………..….Saxo y flauta

Sjaco van der Spel.………....Batería y voz

Colaboradores:

Guus Willemse………………………………....Bajo

Hans Hollestelle…………………….………...Guitarra eléctrica

Marian Schatteleyn y Robbie Dale…...Voces


1ª Cara:

- The water

- The blackberry bushes


2ª Cara:

- White turns into black

- The nuisances

- The desert

- The red sea


Vamos con una de rock cristiano!………..Nooooooo……...no se trata de eso!…… pero si es cierto que es una obra conceptual basada en el episodio bíblico de la salida del pueblo de Israel de Egipto, conducido por el enviado de Dios, Moisés, que los libera de las garras del Faraón, tras una dura tarea a base de plagas, llevándolos por el desierto hacia la tierra prometida. Este es el único disco que dejó esta banda como evidencia de su corta existencia. Surgidos en Países Bajos en los 60, en la ciudad de Gouda (buen queso), se empapan en un primer momento de todos los grupos más sobresalientes que les circundan, allí en su país. EKSEPTION y FOCUS llaman poderosamente su atención pero no son lo únicos, podemos añadir formaciones menos conocidas para los no-adeptos………...BRAINBOX, y ya fuera de sus fronteras CRESSIDA, PROCOL HARUM, etc.




Es difícil encontrar algo de información sobre este fugaz proyecto, tal vez lo más extenso que he podido verificar está en la trasera del la carpeta que alberga el vinilo. Parece ser que en primera instancia se llamaban “Light Formation” y finalmente el nombre se redujo a la primera, coincidiendo con la incorporación al grueso de Hans de Bruin que se ocupará de los instrumentos de viento, y poco más se puede añadir. Ninguna averiguación del porqué de su desaparición.

La historia dividida en 6 piezas, mantiene en la primera cara las más extensas que se reducen a dos. Es una obra que bien podemos llamar sinfónica, puesto que se asemeja a una versión moderna de lo que podría ser un concierto para órgano, puesto que a golpe de este instrumento se construye la mayoría del disco. Predominante de principio a fin junto a actuaciones menores de otros teclados de diversa índole que combina, se puede decir que se lleva todo el protagonismo, dejando al resto de instrumentistas en segundo plano.

Se tiene mucho tiempo para analizar la música escrita en su mayor parte por Adri Vergeer como es obvio, un trabajo con muchas luces y alguna sombra. Las texturas creadas no dejan que caigamos en fases de sopor, ya que son melodías bien pertrechadas y con muchos cambios, que permiten que nuestro oído tenga que estar bastante atento a las variaciones que suscita. Pero no es fácil mantener la calidad y algunos instantes pueden hacernos bajar la guardia, más que nada porque hay que estar conectado con todos los sentidos ya que es un viaje más bien falto de energía, en el sentido de que no son temas con ritmos vivos e intensificados, una carencia que se echa de menos en más de una ocasión. Es un todo al que le hubiera venido muy bien un hit con el que el público se encendiera para quedar atrapado, un éxito que nos enganchase y que nos hiciera sentirnos más vivos…….pero no es así, estamos frente a un magno lienzo situado en un frío museo vacío, carente de vitalidad.

Composiciones muy interesantes en las que se observan tendencias e influencias de todos los colores, desde el blues, la psicodelia hasta el jazz, pasando por la vanguardia que surge en el continente a finales de los 70 así como por la música clásica y en concreto la de Johann Sebastián Bach. Incluso podríamos asociarlos con la familia Canterbury con un sonido muy aproximado en momentos a los exponentes SOFT MACHINE o CARAVAN. Se puede decir que estos chicos tuvieron bien abiertos los ojos y los oídos a todo lo que les rodeaba y lo gestionaron a su manera para construir este testimonio único y original.

La pieza con la que inicia este periplo, The water, nos pone en situación con sonido acuoso y un órgano que comienza a venir desde la lejanía. Una obertura magna y épica que resulta uno de los pasajes más inspirados albergando buenas esperanzas, con una característica intrínseca a todo el volumen que es la solemnidad que desprende el órgano en su estructura. Un sonido muy cercano a Procol Harum en creaciones en las que Mathew Fisher dejaba volar su arte. La guitarra española arpegiada que se observa cuando lo permite el teclado es deliciosa. Se subdivide y entra en una nueva fase tras una invocadora voz que repite un texto como un mantra, nos topamos con las primeras líneas cantadas en un disco mayoritariamente instrumental y después con la incorporación más patente que va a tener la guitarra eléctrica a lo largo de epopeya, conduciendo junto a las voces de la mano hasta el final.



La otra gran composición es the blackberry bushes, con arranque marcial y percusiones latinas que animan estos primeros compases, pero no pasará de ahí, la solemnidad y la sobriedad regresan a un ritmo más vivo saltando de pincelada en pincelada e internándose poco a poco en escenarios de jazz donde se acomoda durante un rato para acabar en unos desarrollos progresivos y psicodélicos calmados y de aires pastorales por la aparición de la travesera y las voces melodiosas que recuerdan a composiciones como I talk to the wind de los Crimson.

Volcamos el vinilo y aparece White turns into black con unas notas de órgano muy reconocibles, juguetean con el eterno e incontestable compás de “In a Gadda da Vida” de los IRON BUTTERFLY con pequeños matices para no levantar ampollas. Un comienzo que tiene continuidad con un ritmo entrecortado y fulgurante del órgano dando paso a la suite que vuelve a sumergirse en terrenos de jazz en los que el bajo tiene un papel estelar junto al teclado y una percusión shuffle. Tras el libre interludio vuelve a tocar suelo progresivo con aguas remansadas y pastorales que bien podrían servir de material inspirador a formaciones posteriores como CAMEL.

Sin silencios, unas sencillas filigranas del órgano nos presentan The nuisances, el siguiente corte, con alto contenido clásico en su atmósfera con bellas aportaciones del Celeste que intensifican aún más el contenido retro en un conglomerado de teclados excepcional. El órgano va a mostrar unas de las líneas más inspiradas, bajo un tapiz de partitura construida sobre escalas ascendentes y descendentes que flirtean con los clásicos.

Una voz fuerte y vehemente de pronunciación consistente abre The desert, una pieza de sonidos enigmáticos donde decae el volumen y resulta más minimalista que ninguna de las otras en su concepción, desembocando en la última parada The red shea, más corta todavía que se confecciona según patrones y escalas de la música tradicional del mundo árabe donde nos quieren dejar muy claro con voz vehemente nuevamente que Moisés ha llegado a tierras del mar Muerto.

Y este es el final, pero sorprenderá al oyente porque tras una creación de este calibre esperamos un final acorde a la grandilocuencia y la magnificencia del evento. Estamos esperando un desarrollo dentro de la épica, un remolino musical que nos eleve y nos transmita esa sensación de importancia y trascendencia del concepto que se ha traducido a lo largo de todo el acontecimiento. Pues no, al contrario es algo que parece inacabado, abrupto y frío, tal vez no sabían como finalizar, no hubo tiempo…….o bueno, creyeron que era la mejor manera.




sábado, 17 de enero de 2026

ILLUSION – Illusion (1978)

 


Jane Relf…………….Voz principal y coros

Jim McCarty………..Voz principal, coros, guitarra acústica y percusión

Louis Cennamo….……..Bajo

John Hawken…………......Piano, Fender Rhodes, Sintetizadores, Mellotrón, clavecín y Hammond

John Knights Bridge…..Guitarra eléctrica y acústica

Eddie McNeil………….Batería, campanas, percusiones, efectos


1ª Cara:

- Madonna blue

- Never be the same

- Louis’ theme


2ª Cara:

- Wings across the sea

- Cruising nowhere

- Man of miracles

- The revolutionary


Para alguien que no esté puesto, o que no sepa nada del pasado de algunas bandas como RENAISSANCE, le resultará difícil entender ciertas cosas cuando se tope con sus álbumes, me estoy refiriendo más que nada a los comienzos. Hablo con conocimiento de hecho, ya que lo viví en primera persona y he de decir que hasta que no profundicé en la información, llegué a pensar que estaba ante dos agrupaciones diferentes conviviendo a la vez y con la misma denominación. El Porqué de todo esto viene a cuento de que ILLUSION se formó con miembros que se escindieron de la primera formación de Renaissance, una división que fue como una disolución, se renovó todo el personal, algo muy extraño en el mundillo musical, siempre queda alguien, al menos un miembro fundador, ya que sino se fulmina hasta el nombre. Además los álbumes de la primera encarnación tienen un sonido diferente a los de la segunda, obvio si el personal ha cambiado, lo que hace que lleve más todavía a la confusión.


Pero Illusion no se forjó nada más producirse la rotura, pasaron unos cuantos años hasta que Keith Relf y Jim McCarty, ambos antiguos componentes de Yardbirds y fundadores de Renaissance - etapa 1, creasen un intento de “renacimiento” con la intención de volver a revivir el viejo espíritu de aquella primigenia banda. Y en cierta forma lo consiguieron poniendo unas bases con las que publicaron las primeras obras de Renaissance, llegando a publicar un primer álbum Out of the mist, en el convulso año 77 y un año después este homónimo con el que pondrán final a un sueño que se quedó a medio camino en 1979. Material que habían avanzado para un 3º Lp se quedó en el limbo, en 1990 sacaron disco que contenía principalmente este material, una prueba para sondear la situación del mercado y sus posibilidades.



A causa de la poca o nula promoción que obtuvieron el desencanto apareció pronto y con él la finalización del intento. ¿Cómo sucedió? Por un lado la competencia ejercida por Renaissance, que ya se había hecho con un público fiel tras una serie de bueno discos publicados durante los años anteriores, a los que costaba hacer sombra y luego por otro lado la situación musical había dado un giro radical. Los dinosaurios estaban sucumbiendo y el punk llegó para rematarlos portando nuevos aires que hicieron durante unos cuantos años limpieza de todo lo anterior, de manera que a los miembros de la industria no les quedó otro remedio que re-adaptarse si querían que el floreciente negocio continuara. Esto se tradujo en cambio de intereses; grupos como Illusion ya no aportaban nada, el enfoque de promotores, productores, ingenieros y managers había cambiado. Resultado de todo esto…..su música era agua pasada sin un bagaje detrás.


Keith Relf, para colmo de males no pudo llegar a verlo, moría electrocutado en plenos ensayos. Los hermanos Relf quedaban reducidos a la magnífica vocalista Jane Relf. También se contrata a otro guitarrista que introducirá la eléctrica, una importante diferencia con la formación inicial en Renaissance. Ese sonido que realizaron en sus inicios musicales basado en el folk, la influencia de la música clásica y el rock emergente que les atribuyó unas características de elegancia, clasicismo, singularidad y hasta cierta innovación, no llegará a verse reflejado en el nuevo proyecto de Illusion. Su música tiene unas bases muy similares y el resultado es bueno, pero se ha perdido chispa, inspiración, los tiempos ya no son los mismos y es difícil conseguir el mismo nivel.

Como ya he dicho, las composiciones son buenas, pero ya no encontraremos inclinación al folk y la apuesta por la música clásica y sus influencias está difuminada, quedándose más bien en la búsqueda de la elegancia y las buenas armonías. Además incluyen otras influencias, por un lado la guitarra eléctrica le resta sencillez, pero le infunde un sonido más actual y más volcado al rock. También se observa un abanico de posibilidades con los teclados llegando a incluir bastante electrónica, hasta un secuenciador en Cruising nowhere.

El global de la obra contiene un sonido reconfortante con una innata sensación de sosiego y concordia. Mucha culpa de ello la tiene el excelente dúo de voces masculino-femenino y los coros, que trabajan a la par buscando la melodía y transmitiendo una atmósfera conciliadora. Con Madonna Blue comenzamos un bonito viaje que resulta prometedor puesto que es una pieza, sino la mejor, una de las mejores del álbum, bastante inspirada, con momentos instrumentales muy brillantes en las que los arreglos de piano son impresionantes, llenos de versatilidad y dinamismo. Es un tema que va in crescendo en cuanto a su instrumentación llegando a generar una textura de teclados envolvente donde el mellotrón tiene mucho protagonismo donde se suceden las cascadas de piano. Extensa duración que ofrece varios escenarios con música plena de armonías vocales que finaliza con la guitarra eléctrica abordando el muro sonoro. La verdad es que hacia el final pone la piel de gallina por su calidad.

Seguidamente Never be the same es una sencilla canción sin exigencias atacada con guitarra acústica y de nuevo armonías vocales al estilo Crosby, Still……. Balada con arreglos de piano y atmósfera etérea en el tono sosegado general. Finaliza la primera cara con Louis’ theme, corte muy intimista, cálido, triste e introspectivo y con una atmósfera evocadora y melancólica muy sensible. El teclado nos ofrece un bucle arpegiado acompañado del piano y de la lánguida voz de Jane. Apta para días de lluvia suave a través del cristal o para dormirse.


Nuevamente tempos balsámicos comienzan la segunda cara con Wings across the sea. Las armonías vocales a dúo son el núcleo fundamental arropado por una cálida guitarra eléctrica con filtro acorde a la sensibilidad de la composición. Por supuesto no faltan los arreglos de piano y acústica en la instrumentación. Melodía y sencillez que no encajan con los tiempos impuestos.

Cruising nowhere nos va a sorprender porque su estructura no encaja con la idiosincrasia de la banda. Nada más empezar nos choca la electrónica que aparece. Introducción a cargo de un moog que establece una secuencia que en su contexto se puede decir que es innovación o vanguardia más acorde con los tiempos. Una pieza plagada de teclados que deja de lado los arreglos de piano y vuelve a cargar con la guitarra eléctrica que se explaya creando un sonido más rockero y más evolucionado.



Retornamos a los ambientes cálidos e introspectivos con Man of miracles donde una tenue atmósfera a base de campanas, suaves teclas y la voz delicada de Jane nos sumerge en profundos pensamientos, pero es un corte breve y sirve de intermedio para llegar a The revolutionary, la composición final de tintes bíblicos. Sus texturas son progresivas y el factor de epopeya se hace presente. En ella me parece adivinar un trabajo orquestal de contrabajos que no alcanzo a encontrar en los créditos . La instrumentación es variada y ofrece varios escenarios, junto con Madonna blue lo más completo. Aires grandilocuentes que reflejan la épica de la historia imaginando escenas varias y donde encontramos coros excelentes, ritmos diferentes, virtuosismo instrumental sobresaliendo el trabajo del Hammond y con una coda que como una llama se va extinguiendo muy despacio y sin hacer ruido.

Interesante propuesta ideal para esos días que necesitas desconectar. No son Annie Haslam y los suyos pero como estos, nos transmiten paz interior y mundos utópicos en los que descansar del día a día.





domingo, 11 de mayo de 2025

FRUUPP – Modern masquerades (1975)

 


Vincent McCusker……...….Guitarra líder, voz

John Mason……………….…..Teclados, voz,

Peter Farrelly….….….…....Bajo, voz principal

Martin Foye…………………...Batería, percusión y voz


1ª Cara:

- Misty morning way

- Masquerading with dawn

- Gormenghast

2ª Cara:

- Mistery might

- Why

- Janet planet

- Sheba’s song


Grandísima banda que sin embargo siempre ha estado olvidada en el cajón de de los malditos, no por causa de los amantes del estilo progresivo y sinfónico que siempre lo han tenido como un referente y un grupo de culto, más bien por el circo que rodea al negocio musical. Muchas veces son ambiguas y poco claras las razones por las que ocurre esto, una suerte de casualidades, situaciones e inacciones provocan que de pronto un elenco que podría tener un éxito descomunal quede rápidamente oculto en el armario ropero, y mucha gente se pregunte, como diablos se ha podido llegar a eso……..nadie lo sabe con certeza…..pero ocurre y más veces de lo que puedas creer.

Así pues, FRUUP, es uno de esos extraños ejemplos. Su existencia apenas acumula 5 años, de los cuales 2 pasan desapercibidos. Surgen como tal en 1971. Vicent McCusker, oficialmente su fundador partió de su Irlanda natal hacia Londres con la intención de dar a conocer sus ideas musicales a gente que fuera receptiva para llevarlos a cabo. Desencantado ante la nula respuesta, ni apoyo de ningún tipo, regresó a Irlanda por necesidad y allí recluta a músicos que aceptan tocar su material con cierta incertidumbre sobre el resultado. La novel formación está compuesta por McCusker, Farrelly, Foye y Stephen Houston, éste último abandonó por razones religiosas sin llegar a grabar “Modern masquerades, sustituyendo los teclados por John Mason.

Aunque constan desde 1971, no sería hasta 1973 que grabarían el primero de 4 discos, pero que cuatro discos…...ninguno tiene desperdicio, y eso que los grabaron en apenas 2 años ¡¡todos!! Cuando iban a grabar el 5º Lp en 1976, todo se fue al traste, las ventas eran bajas……¡bajas!….además de las turbulencias del mercado que iban creciendo con el primigenio punk y la new wave. Fue suficiente para que este proyecto que nada tenía que ver con lo que iba a pasar fracasase, finalizando en la separación a finales de 1976. Esa falta de publicidad motivó que no haya registros visuales de sus actuaciones en directo, salvo grabaciones piratas que están buscadísimas, siendo que conseguían congregar en sus conciertos a miles de asistentes…….verlo para creerlo.

Considerado el mejor grupo irlandés de prog o sinfónico, se le puede calificar en muchos aspectos como delicado, profesional, clásico, solemne, imaginativo, impredecible, virtuoso, elegante, distintivo, sofisticado, con tendencia al romanticismo y la melancolía. Su sonido se adentra en el progresivo de toda la vida, pero tiene una idiosincrasia que lo hacen único. Lo asocio a otras formaciones en esa línea, para mí THE ENID, PROCOL HARUM, GREENSLADE, GENTLE GIANT e incluso ELO, son una familia con elementos comunes, como el gusto por la melodía, la elegancia, solemnidad, cierto romanticismo y sobre todo mucho, mucho virtuosismo e imaginación. Su influencia en grupos de rock sinfónico y progresivo posteriores, me resulta más marcada de lo que podría parecer, la guitarra de Vincent creo que ha inspirado a muchos otros guitarristas en esta disciplina y no solo de los 70 (Roine Stolt), sino también de los 80 (Gary Chandler). Y lo mismo se podría decir de las estructuras de teclados.

Composiciones intrincadas en la elaboración, plenas de cambios de ritmo drásticos, aportando gran cantidad de arreglos y elementos propios como la orquestación en la línea principal de la estructura melódica. Se crean así constantes paletas de color armónicas dentro de un mismo tema haciendo que sea fresco, dinámico y acogedor a la vez que complicado en la ejecución de los paisajes dibujados. No es fácil aceptar su música en una primera escucha, tienes que prestar atención en las siguientes escuchas para poco a poco ir detectando pequeños matices y detalles que se escapan en escuchas superficiales. Tenemos que ponernos el mono de trabajo y ahondar en sus propuestas. Son piezas en las que abundan muchas intervenciones instrumentales, con largos espacios para su desarrollo, la voz aparece pero no es una parte esencial, los coros y voces de los componentes aportan también belleza al conjunto.

La producción es un factor fundamental en la grabación de Modern Masquerades, corre a cargo del ilustrado Ian McDonald, conocido también en el mundo del prog por haber sido pieza clave en el corazón de KING CRIMSON en su primera época. Abanderados del movimiento y venerados como pocos. La contribución de Ian es elogiable, construyendo unos ambientes, arreglos y un sonido personalísimo con un gusto exquisito, se nota que es un hombre sensible, ya lo demostró con Fripp y los suyos. El disco está plagado de atmósferas tenues, cristalinas y etéreas que parece que se van a esfumar con solo tocarlas.

Es un disco que mantiene la calidad de sus predecesores sin bajar el nivel en ningún momento. Inspirado en la novela Gormenghast, es la narración fantástica de un reino aislado a causa de los accidentes geográficos que lo hacen inexpugnable. Las composiciones se mueven en una amalgama donde conviven jazz, folk, rock sinfónico, prog clásico y alguna gotita de hard, todo ello combinado sin asperezas con un gusto excepcional. Es el único con John Mason a los teclados, quien demuestra estar perfectamente acoplado al resto. El piano es un instrumento fundamental en la obra y sobre todo a la hora de los arreglos, desarrollados con elegancia y buen criterio. Será el protagonista en Why, uno de los cortes que ofrece en la 2ª cara con una duración breve respecto al resto. Aquí solo encontramos a Farrelly cantando en compañía del piano una melodía minimalista, sensible e intimista, tiene carga emocional y queda demostrado en la ejecución del piano con un contraste de modulación constante del volumen queriendo transmitir sensibilidad a la letra.

La primera composición es Misty morning way donde escuchamos el piano eléctrico que nos acompañará en muchas ocasiones generando ese ambiente cálido, cristalino y sutil, guitarra melancólica y movimientos que nos dirigen a espacios de jazz, entrando y saliendo en una melodía llena de armonías donde a veces la rítmica parece trabajar el shuffle con magnífico swing. Debido al buen nivel vocal de los miembros, los coros son recurrentes dentro de una melodía enmarañada con teclado clásico que acaba en un final apoteósico. Después de este momento trascendente, llega Masquerading with dawn, mucho más alegre en su concepción con estupendos arreglos de piano y coros suaves, el teclado mantiene el tempo con una ejecución de pulsiones tensas que alimentan la viveza de la composición, nuevamente compleja en su estructura, en una segunda fase la atmósfera se vuelve épica con unos acordes de la guitarra poderosos y retumbantes que nos conducen a la coda final.

Una nueva intro de carácter melancólico a cargo de la voz de Farrelly supone el inicio de Gormengasht, la ciudad imposible que da título a esta pieza con una atmósfera en la que se sentiría a gusto Dave Greenslade, sensible y nítida, evoluciona en una construcción con descensos y aceleraciones en una versión más sinfónica que progresiva de aire “cameliano” en la que por primera vez hace acto de presencia un saxo. De nuevo muchos cambios de ritmo y largos desarrollos instrumentales lleno de arreglos y matices conforman el cuerpo.

La cara opuesta ofrece más eclecticismo en sus composiciones. Arranca con Mistery might similar a las anteriores, lo hace con potencia obteniendo una instrumentación saturada muy prog que nos contagia de energía. Descendemos sobre momentos tranquilos que se revierten para entrar en una cabalgata que nace de la caja de la batería, una composición de bajadas y subidas pronunciadas en el tempo con aportaciones en cascada del teclado, un bajo que lanza fuegos artificiales, riqueza en percusiones y una vertiginosa guitarra con pedal en lo que es un extenso instante instrumental que muestra el nivel de los músicos y que muere sin más como cierre.

Why, ya comentada, viene a refrescar el ambiente demostrando la capacidad compositiva. Tras él, otro tema festivo y animado, Janet Planet, cuya concepción recuerda a la narración de un cuento, simpático, vitalista, sencillo en la elaboración y con un final muy solemne a cargo de la trompeta. El álbum se cierra con Sheba’s song, un track de corte clásico en su disposición y con un aire a las composiciones de Greenslade, donde la guitarra lleva el tempo y el piano eléctrico o ¿farfisa? se incorpora en un movimiento de jazz con el bajo muy marcado construyendo otra vez un ambiente tenue y cristalino con altibajos suavizado con coros y una voz delicada en una orquestación que me retrotrae al sonido de The Enid, alcanzando el climax a través del fraseo de la limpia guitarra. Una maravilla.






domingo, 2 de marzo de 2025

DAVE GREENSLADE – Cactus choir (1976)

 


Dave Greenslade…………….Piano, clavinet, sintetizadores, Fender Rhodes, Hammond, Mellotron, voz, co-productor.

Tony Reeves………………..….Bajo

Simon Phillips…………….…..Batería y percusiones

Mick Grabham……………....Guitarra

Colaboraciones: Steve Gould, Lissa Gray, Bill Jackman, Dave Markee, John Perry, Martin Ford y Simon Jeffes


1ª Cara:

- Pedro`s party

- Gettysberg

- Swings and roundabouts - Time takes my time

- Forever and ever

2ª Cara:

- Cactus choir:

a) The rider

b) Greeley and the rest

c) March at sunset

- Country dance

- Finale


Podríamos estar hablando de un Lp más de la banda GREENSLADE, mismo sonido y mismo estilo de la carpeta que lo guarda, a cargo de Roger Dean……..pero no es así exactamente. Dave Greenslade que fue fundador de aquella banda, y que dejó su apellido en ella, comenzó tras su finalización una carrera en solitario y este fue su primer álbum, tal vez el más afortunado de ellos, los que vendrían después son mediocres y no alcanzarán ni de lejos la calidad de sus trabajos dentro de otras formaciones a las que perteneció.


Hijo de Jack Greenslade, pianista semiprofesional que dirigió bandas de baile en los años 30. Sus padres le animaron desde pequeño a tocar el piano y a los 13 años entró en el club juvenil de una iglesia local donde tocando conoció a Jon Hiseman y su viejo amigo Tony Reeves (ambos en Colosseum) . Sus comienzos fueron en CHRIS FARLOWE’S THUNDERBIRDS, influenciado por el pianista Bill Evans, entre otros. Allí su recorrido no dejaría huella, empezando a escribir su pasado en grandes empresas como COLOSSEUM donde más destacó, realizando mucho trabajo desde el aspecto jazzístico. También pasaría fugazmente por otro monstruo de nombre breve, IF, también orientado al jazz. Pero será más recordado por su fundación junto a Tony Reeves, magnifico bajista, por GREENSLADE donde crearon 4 álbumes de gran factura integrados en el rock progresivo instrumental, puesto que apenas hubo letra. Es aquí donde su nombre empieza a pertenecer a los grandes teclistas de los años 70.

Como les sucedió a muchos grupos de aquella época, cuando firmaron el contrato con la discográfica, o sus managers no leyeron bien la letra pequeña, o les jugaron una mala pasada. El caso es que llegó un momento en que si querían dejar la compañía tenían que hacer un desembolso de dinero brutal, tanto que era imposible conseguir esa cantidad. Al final Dave que era la cabeza visible se vio abocado a deshacer el grupo, rompiendo acuerdos y comenzando de nuevo. Su periplo en solitario se iniciaba aquí.


Aprovechando material que no había llegado a ser distribuido con Greenslade y también echando mano de composiciones que habían sido desechadas para los álbumes que se grabaron, Dave publicó al año siguiente de su separación, Cactus Choir, con una renovación en filas donde no podía faltar su estimado compañero de fatigas, Tony Reeves. Otros miembros importantes que integraron el combo fueron Simon Phillips reputado batería, auténtico mercenario y Mick Grabham ex-guitarrista de PROCOL HARUM.


Este álbum ofrece desde valses hasta música clásica y blues, incluye progresiones fascinantes y ritmos complejos, algo que Dave valora mucho a la hora de componer, por eso para su base rítmica se ha provisto de dos músicos excepcionales Reeves y Phillips, para estar a la áltura del binomio Tony Reeves – Andrew McCulloch de los anteriores Greenslade. Aquí deja apartados el órgano y el piano eléctrico sustituidos por una amplia gama de sintetizadores creando sonidos intensamente surrealistas.

No hace más que sonar Pedro’s party , para saber que estamos en el “universo Greenslade” y como reza su título el ambiente es fiestero, épico y con una melodía que bien podría pertenecer a algún tema del Jean Michel Jarre de los 90 con ese aire sencillo y desenvuelto en el teclado, una pieza corta que no va más allá. Y es que el nivel que ofrece no cumple con nuestras expectativas. Casi lo mismo se puede decir de Gettysburg, otra pieza cantada, también de corte épico pero que no llega a cumplir con la importancia de su trama, dejando el listón aún bajo. Tanto en ésta como en Pedro’s Party, se encuentra una sencillez que desemboca en un aire comercial, tal vez para enganchar.

Ya será en Swings and roundabouts – Takes my time, donde empezamos a reconocer las aptitudes de Dave cuando se pone en serio; más complejidad en un extenso corte donde adivinamos muchas fases diferentes con mucha alternancia y momentos experimentales y casi improvisatorios. La bifurcación del título es palpable en la composición donde se produce un silencio, algo raro en este músico, que apenas deja espacio para ellos, rellenando siempre con arreglos y melodías recurrentes. Pero ya en la orilla de Takes my time hay un hondo cambio drástico comenzando con un ritmo tranquilo y una voz reforzada por un maravilloso coro femenino a cargo de Lissa Gray con registros imposibles. Música que se torna sugerente, melódica y lírica, donde el mayor protagonismo es para la voz y la guitarra de Mick.

En mi opinión la mejor obra de todo el disco es Forever and ever, algo corta, cerrando la primera cara. La pieza más completa, progresiva y sólida. Épica de gran calado que va ganando enteros conforme se va desarrollando y añadiendo capas de sintetizadores dentro de una melodía acertada y con unos arreglos magníficos, muy inspirada y que mejora a cada escucha, digna de sus mejores contribuciones.

Dave Greenslade y Dave Thomas

Al otro lado surge el corte homónimo dividido en 3 partes difíciles de discernir, extraño teniendo en cuenta que dura apenas 6 minutos. Escuchamos desde el principio los indiscutibles solos caracoleados de Dave tan característicos en su forma de atacar los teclados. Se descubre orquestación en el fondo y la participación de un solemne piano. Nuevamente hay letra y la unión de voz e instrumentos me quiere recordar en su estructuración al grupo RARE BIRD, nada descabellado teniendo en cuenta que canta Steve Gould, vocalista de aquellos. Una composición que para ser la que da título al álbum no me parece estar a la altura, con una sección final que se queda coja (March and sunset)

Country dance, es otro de esos temas clásicos que podrían pertenecer a su antigua banda, muy agitado con los solos caracoleantes de un teclado imprevisible. Saltos en la rítmica y en la melodía con un destacado trabajo de Reeves al bajo, que en un momento dado se pone en primera fila como hizo algunas veces en Greenslade, y lo mismo podemos decir de Phillips, demostrando la vieja complicidad existente entre los tres músicos. Otra de sus mejores del disco.


Se cierra el vinilo en paz a través de la obvia Finale, un viaje sonoro o al menos eso es lo que me transmite. Sorprende al escuchar flauta, la de Martin Ford, que no se había manifestado hasta ahora, otro de los múltiples colaboradores que abre paso y enmudece con la entrada del mellotrón de Dave. Posiblemente la composición que encierra la faceta más jazzy de todas. Otra gran melodía a cargo de los teclados y que se subdivide entrando en un pasaje oscuro en una segunda parte ocupado por violines y cellos que nos trasladan a otro sonido, a una atmósfera inconfundible para la ELO.

Buen disco, para todos los que amen sus trabajos anteriores, no van a quedar defraudados, pero ojo, no vayáis mucho más allá buscando su sello. Como decía el doctor Zaius en la película de 1968 “El planeta de los simios”: tal vez no le guste lo que vaya a encontrar más allá…..






sábado, 15 de febrero de 2025

ELECTRIC LIGHT ORCHESTRA – II (1972)

 


Jeff Lynne…………..…………...….Voz principal, guitarra, moog, harmonium

Mike Edwards…………………...….Cello

Colin Walker………..……………...Cello

Wilf Gibson………………...….……Violin

Richard Tandy…………...………..Piano, moog, harmonium, guitar, voz

Bev Bevan……………………..…….Batería, percusion

Michael Alburquerque..……...Bajo, voz


1ª Cara:

- In old england town
- Mama
- Roll over Beethoven

2ª Cara:

- From the sun to the world

- Kuiama


En la ciudad de Birmingham y después de la disgregación de THE MOVE, dos de sus integrantes, Jeff Lynne que apenas había hecho acto de presencia y Roy Wood, resuelven que la idea es crear un nuevo proyecto empezando de cero, pero con elementos novedosos, nada parecido a lo anterior. Su idea principal es introducir sonido clásico pero interconectado con la música moderna del pop y el rock, queriendo llevar el rock partiendo del punto en que THE BEATLES lo dejaron. No es extraño que quisieran hacerlo cuando estaba en plena ascendencia el rock progresivo y sinfónico, con una filosofía muy similar a la que querían poner en marcha. EMERSON LAKE & PALMER ya en 1970 habían dado el golpe con su primer LP donde la adaptación de clásicos, llevados al rock era un hecho. Incluso Emerson, antes incluso con THE NICE ya había hecho a finales de los 60 cosas en ese sentido.


Pero cuando Wood y Lynne decían que querían introducir música clásica, era exactamente eso, literalmente la incorporación de instrumentos de música clásica como el violín y sobre todo el cello, que adquirirá un protagonismo creciente, de tal manera que el concepto de rock sinfónico adquiere más fuerza que nunca. Y ciertamente van a conseguir que el sonido creado sea original y único, una concepción musical que les hace ser reconocidos rápidamente, con un sello que los identificará para siempre. A lo largo del tiempo y con su enorme discografía nunca consiguieron un n.º1 en las listas, sin embargo mantienen el mayor número de éxitos en el top 40 de la historia de Billboard, y además fue el grupo que más veces apareció en el programa de TV, The midnigth special, con 4 ocasiones.

Particularmente soy seguidor de sus inicios, más experimentales y concebidos hacia un rock progresivo de tintes sinfónicos, plasmado en piezas extensas en tiempo donde podemos discernir pasajes instrumentales muy variados. Después, cuando empezaron a adquirir notoriedad a través de singles comerciales, con una música más dirigida hacia el pop que hacia el rock, con éxitos que aunque no carentes de calidad, no dejaban de ser composiciones más asimilables y de reducido contenido, ya no encuentro ese espíritu genuino y atrevido que reside en sus primeras obras.

A las primeras de cambio, tras la grabación de su debut “No answer” en 1971, e inmersos en la preparación del segundo, éste que tenemos en el punto de mira, Roy Wood decidió que no quería continuar, dejando solo al frente a Lynne, que aunque muy preparado, ya que era compositor, arreglista, músico y productor, ahí es nada….no digirió bien la partida de su binomio, Wood era muy bueno en lo suyo, y sus ideas eran muy bien recibidas, su participación en la creación musical era esencial para Lynne. Fue un mazazo, pero Lynne tenía claras sus convicciones y a pesar de su ausencia y la de 2 miembros más que arrastró Wood en su partida, decidió seguir adelante fichando nuevos componentes para la creación y grabación de ELO II.

La otra portada

Después de haber realizado unas cuantas actuaciones en directo, el quebradero de cabeza más importante para la banda eran los problemas con los instrumentos de cuerda utilizados (violín, cello,….). No podían escucharse más que escasamente entre la algarabía del ruido existente en un concierto. Pero raudos se preocuparon en buscar la solución. Pusieron en los instrumentos unos elementos llamados “pick ups” que no eran otra cosa que unos micrófonos o pastillas, utilizadas en guitarras eléctricas y otros, que amplifican el sonido adecuadamente. Esto resolvió la cuestión y el sonido ambiente por fin pudo comportarse como en estudio.

Llegó la grabación de sus segundo LP, en el que Wood aún dejó huella en alguno de los temas. Tras marcharse formaría rápidamente otra banda,Wizzard con dos ex-ELO. Originalmente el disco se iba a llamar The lost planet, pero acabó simplificándose, como todos sabemos. Para completar los integrantes, entrarán Colin Walker y Mike Edwards para cubrir las bajas, y Richard Tandy debutará ocupándose de los teclados, quien incorporó el harmonium, un curioso instrumento con teclado, pero que es de viento, con un sonido muy parecido al del acordeón. Las portadas Americana y Británica disienten, en la europea en el título dice ELO, en la de EEUU, con otra portada inferior, en mi opinión, ELECTRIC LIGHT ORCHESTRA. Se registró en vivo en el estudio sin apenas pistas grabadas, y su difusión en las emisores de Estados Unidos fue muy amplia, de hecho, siempre han tenido más seguidores en ese continente.

Se trata de un trabajo nada comercial, nada que ver con lo que vendrá dentro de unos años, escuchándolo podemos darnos cuenta retrospectivamente de que el sonido clásico de la banda se está gestando, las texturas de los instrumentos clásicos, sobre todo del cello, van a ser marca de la casa, Lynne tiene claro que ese es el camino. Un álbum que contiene tan solo 5 cortes nos da una idea de la extensión de ellos, y por tanto de que por el trayecto nos encontraremos pasajes de diversa índole y con más jams instrumentales que voces.

Con la primera pieza, In old england town, nos quedamos mudos y fuera de juego con una entrada realmente arisca de los cellos en secuencias obsesivas, el sonido duro y oscuro nos acompaña durante el tiempo que dura y que no ceja en desasosiego ni siquiera cuando canta Lynne o entra su guitarra. Se crean expectativas en cuanto a que nos vamos a encontrar más adelante. No obstante el sonido ELO se está forjando con esos arreglos de cuerda. La sonoridad de la voz, es extraña, se produce una especie de eco similar al de alguien cantando en una habitación vacía. Otra de esas pinceladas que quedarán como sello personal.

Se abren un poco los nubarrones con Mama, que aunque tiene el álbum una oscuridad que se extiende a lo largo de todos los surcos de ambas caras, si que es más acogedora, con un Lynne más lírico y unos arreglos orquestales creando fondo más apacibles, a su vez los cellos construyen un vaivén, a modo de ida y vuelta que parece que mecen la melodía y que se repiten hasta el final. Con su 3º tema triunfarían en las radio fórmulas americanas. Una mezcla entre la 5º sinfonía de Beethoven y un clásico de Chuck Berry, Roll over Beethoven, un mix inesperado de gran contraste, supondría un chute de popularidad, rock and roll al más puro estilo con arreglos de cello y violín dando cobertura a la guitarra rockera de Lynne que canta en sintonía a la pieza. Los teclados de Tandy también aportan a la causa con un desarrollo a lo Jerry Lee Lewis. La dinámica del track y su producción es espléndida y el final es digno de Ludwig.

El otro lado del acetato está ocupado tan solo por dos títulos que retornan a la posición inicial, el dramatismo y el ambiente algo cargado se afincan de nuevo para no marcharse. From the sun to the world, extensa suite que transmite rápidamente clasicismo con la épica intro, se trata de la melodía principal que se irá repitiendo seccionada por el piano de un brillante e inspirado Tandy y por los cellos y violín, este imprime especialmente paisajes desquiciantes. A mitad de composición se abre un pequeño y precioso paréntesis, un remanso de paz lleno de romanticismo y nostalgia, para desembocar nuevamente en la épica cada vez más acelerada y estridente, terminando con un final algo precipitado, un punto a mejorar.

Y la pieza más amplia de todo el disco queda para terminar, Kuiama, con casi 12 minutos de duración pasando por diferentes estados, se puede decir que es la más progresiva, la guitarra no se había manifestado nunca tan dura como aquí, mostrando las armas de la banda, texturas orquestales magníficas, cambios de ritmo y atmósfera diversas. Pero eso sí, sigue oscura y nostálgica como la anterior, con un violín de aires románticos que nos toca la fibra. Poco a poco se encamina hacia el final subiendo en una serie de escalas hasta desembocar con fatalismo en un cierre extraño y a la vez futurista, que es algo ajeno y discordante con el clasismo que encierra este tema. Nuevamente el final no termina de ser acertado.

Disco con el que se deleitarán los amantes del progresivo más clásico o del sinfónico purista. Es una ocasión para conocer las raíces de esta banda que trascendió y que dejaría huella para siempre, porque los éxitos que llegaron a finales de los 70 e inicios de los 80, no son sino el resultado de un buen trabajo realizado en las primeras etapas con introversión e inocencia. Mucho más auténticas, nada que ver con la comercialidad que les lanzó al estrellato.








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